Panteón de la esclavitud moderna
El mercado laboral es cada vez más complejo de navegar. Este proyecto nació de mi enfrentamiento directo con esa realidad: fui cesada en 2025. Como nunca había tenido problemas encontrando trabajo, pensé que esta vez sería igual. Pero pasaban los meses y la frustración se acumulaba: entrevistas que no pasaba, currículums que nunca se veían, reclutadores que se evaporaban.

Eso me obligó a mirar con otros ojos prácticas que se glorifican: el outsourcing, los KPIs, el multitasking. Cosas que suenan a eficiencia y casi siempre terminan en burnout.

Me di cuenta de que la extracción no acabó en la colonia. Seguimos siendo explotados, y ahora también extraen nuestro conocimiento. Nos ofrecen trabajos glamorosos que esconden culturas tóxicas, vigilancia extrema y un espejismo de pertenencia. Empresas que se venden como el non plus ultra y no son nada.
El concepto
De esa experiencia nació el Panteón de la Esclavitud Moderna. Rescaté la iconografía precolombina maya (la cultura que siento más cercana) y escogí animales que representaban virtudes sagradas para esa cosmovisión. Luego los mezclé con el lenguaje visual del trabajo contemporáneo y el collage, para crear siete deidades que resumen, desde mi experiencia, la realidad del mercado laboral actual.
El sistema visual
Los glifos tienen como inspiración los sellos precolombinos, utilizados en una gran variedad de soportes, como cerámica, textiles o arquitectura; como símbolos de pertenencia, estatus social y creencia.

Cada cultura mesoamericana desarrolló su propio repertorio de formas, animales y abstracciones para marcar lo que consideraba sagrado. Para este proyecto, los reinterpreto como la firma personal de cada deidad: un sello que identifica, clasifica y legitima. La misma función que tenían hace siglos, solo que ahora lo que se marca no es un linaje ni un territorio, sino una forma de explotación.

Los siete glifos fueron diseñados a mano, y redibujados digitalmente, con una estructura común: cuerpo cuadrado de esquinas redondeadas, que los unifica como sistema. Dentro de esa estructura, cada animal tiene su propia forma, su propio movimiento.
Las deidades
1. Dios Jaguar del KPI: El vigilante.
No necesita intervenir. Su poder es mirar. Mide, cuantifica, convierte emociones en métricas y vida en rendimiento. El jaguar es símbolo maya de visión en la oscuridad, de quien ve lo que otros no pueden; encarna aquí la hipervigilancia constante del trabajo moderno.

2. Deidad del outsourcing: La desplazadora.
Cambia de piel, de país, de costo. Nunca se detiene, nunca pertenece. La serpiente simbolizaba transformación y renovación; aquí esa misma capacidad de mudar se convierte en inestabilidad permanente. Nadie es irremplazable. Todo es negociable. El contrato dura lo que dura la conveniencia.

3. El Venado Errante: Prohibido ser frágil.
Corre sin detenerse, herido por interrupciones constantes. Recibe señales, notificaciones, exigencias y debe seguir. El venado, sensible y atento, era mensajero entre mundos. Ahora es el trabajador que no puede mostrar que está al límite, porque podría costarle el puesto.

4. Deidad de la Explotación Creativa: La belleza utilitaria.
Genera ideas, inspira, crea valor que otros capturan. El quetzal, símbolo de lo precioso e irremplazable, de la libertad absoluta, se convierte aquí en recurso. Su canto no le pertenece, ni sus colores. 

5. Diosa Rana del Burnout: Siempre alerta.
Es el primero en sentir todo. Absorbe todo el entorno hasta quedar exhausto. Va de tarea en tarea, de reunión en reunión, de urgencia en urgencia sin descanso. La rana era símbolo de renovación y de ciclo. Aquí el ciclo se detiene solamente cuando lo pide el cuerpo enfermo.
6. El Duende del Multitarea: La superproductividad.
Sentado en el medio del desierto, con seis manos y ningún trabajo terminado. Hace todo a la vez y nunca termina nada. En la cosmovisión maya, el mono era el artista, el tejedor del tiempo, y aquí se quedó atrapado en un bucle de productividad infinita. La computadora está medio sepultada. A nadie le importa lo que hace de verdad.

7. El Devoracurrículos: La base del sistema.
No siente odio, porque no es humano. Crea el campo de trabajo y decide quién entra, quién espera, quién desaparece. El cocodrilo, deidad cosmogónica, fundamento del mundo en varias tradiciones mesoamericanas, se convierte aquí en una infraestructura: fría, eficiente, rodeada de currículos que nunca llegaron a ningún lado. El brillo de LinkedIn se refleja en su mirada. El arco iris promete una cosa que no existe.
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