Mi trabajo existe en un estado de tensión: entre la belleza y la incomodidad, el control y el colapso, lo visible y aquello que insiste en permanecer oculto. Me atrae ese borde inestable donde la estética empieza a volverse inquietante y el significado se resiste a fijarse.
Vengo de una formación en diseño, lo que me familiarizó con la estructura, la claridad y los sistemas. Mi práctica artística los desestabiliza deliberadamente. Trabajo de manera intuitiva, permitiendo que la fragmentación, la imperfección y la contradicción permanezcan presentes. La literatura juega un papel fundamental en mi proceso: los libros suelen encender mi imaginación, no como historias que deban ilustrarse, sino como espacios emocionales y psicológicos que pueden reinterpretarse.
A través del collage, la técnica mixta y la ilustración, construyo respuestas visuales a situaciones, tensiones y atmósferas que encuentro tanto en los textos como en la experiencia vivida en un lugar concreto, con una historia que se cuenta selectivamente y una paz que nunca ha sido tan gratuita como prometía. Estas obras no son traducciones literales, sino lecturas subjetivas: distorsionadas, estratificadas e incompletas por decisión.
En mi trabajo aparecen de forma recurrente temas como la vulnerabilidad, la presión, la identidad y las expectativas impuestas. Cuestiono las reglas silenciosas que moldean la producción creativa y la expresión personal, en especial la exigencia de mantenerse pulido, productivo y legible en todo momento.
Para mí, el arte no es una búsqueda de resolución. Es un acto de presencia: permanecer en la incomodidad el tiempo suficiente para que emerja algo honesto, y permitir que la belleza exista sin fingir que es inofensiva.
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